El ‘vejez’ y la sirena
La desesperada búsqueda del agua limpia

Desde su casa a uno pasos de una quebrada de aguas contaminadas, don Víctor comparte su pesar y su lucha por recuperar un torrente en el que ahora todo “está muerto”.

Por María Alfaro

“Hoy en Shupishiña no hay nada, ni huevo de sapo. Todo está muerto”, nos cuenta con los ojos llenos de impotencia Víctor Raúl Lozano (78 años). Sentado sobre un tronco en la puerta de su casa, mira la quebrada que antes le dio vida y que hoy solo le trae lamentos, tristeza, nostalgia. Sentimientos que son veneno para un héroe que luchó por los problemas de Rumisapa, su pueblo; pero hoy las fuerzas lo abandonan, el peso de los años alimentan su impotencia.

“Antes, en verano, los peces saltaban sobre el agua. Pero, desde que llegó la empresa Don Pollo a botar toda su cochinada, el agua cristalina desapareció. Hoy solo vemos agua negra, espumante y con olor a desagüe”, afirma con los puños cerrados por la cólera.

El ‘vejez’, como lo llama su esposa, llegó a estas tierras desde Saposoa. Era muy joven y pescaba todos los días para alimentar a su familia. En aquel entonces, de ese curso se beneficiaban los pobladores de Shucshuyaku, Shapumba, Rumisapa y Cacatachi, localizadas en los márgenes de la quebrada Shupishiña.

“En este lugar me encantó la sirena, por eso me quedé a vivir aquí”, cuenta y voltea para mirar a su esposa que prepara una limonada.

Y es que los abuelos de don Víctor le recomendaron tener cuidado con la madre del río. Un día a medianoche, mientras el ‘vejez’ pescaba en su tierra natal, se le presentó una sirena que tenía los mismos rasgos de la mujer con la que compartiría su vida al llegar a Rumisapa.

“El pueblo ha luchado contra Don Pollo, pero ahora ya no se puede hacer nada”, afirma y coge su cabeza en un gesto de desesperanza”.

Doña Evita –que ya sirve la limonada- vivía en la casa que ahora ocupa la pareja, localizada a diez metros de la quebrada Shupishiña (distrito Rumisapa, Lamas).

Hoy, con 71 años a cuesta, el hombre que fue encantado por una sirena, proclama que “el pueblo ha luchado contra Don Pollo, pero ahora ya no se puede hacer nada”, afirma y coge su cabeza en un gesto de desesperanza. Los viejos ya no pueden luchar.

Don Víctor, con otros dirigentes de las comunidades salió a protestar en 2012, para que la granja El Cortijo de la empresa Don Pollo Tropical S.A.C., abandonara Lamas. Fue en vano. Nada pudieron hacer ante los atropellos de la policía y el silencio de las autoridades. Esto alimentó su cólera y lo llenó de impotencia, entonces, Evita le exigió a su ‘vejez’ que no luchara contra una empresa tan poderosa.

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Doña Evita/ foto: Luz Garaycochea

Ella teme que la granja termine comprando todo Lamas, apoderándose de los sueños de un pueblo que hace más de 20 años, vive oprimido por los constantes problemas de contaminación ambiental.

El crecimiento de un monstruo

A una hora en paso ligero de Rumisapa está la comunidad nativa de Shapumba, donde encontramos a Abelardo Ramos de 56 años, profesor de la única escuelita de la zona. Él nos cuenta que la contaminación se agravó con el crecimiento de la población y la llegada de Don Pollo, que en sus inicios solo tenía una hectárea.

“Las autoridades eran novatas. Todos lo éramos. No sabíamos lo que iba a ocurrir cuando se hizo el camal y el desagüe. El agua sucia iba a Shupishiña y a las quebraditas de Tole y Romero Yaku. Años después vino la granja con un par de pollitos. La gente y las autoridades no se preocupaban”, al decirlo, su voz retumba en las paredes de un aula en la que no hay alumnos sino 20 padres de familia, reunidos para expresar sus quejas y preocupaciones, las cuales son anotadas en la pizarra.

Desde hace más de 20 años en las mencionadas quebradas de la provincia de Lamas (San Martín), se vierten las aguas residuales de la ciudad, del camal municipal y los desfogues de las cinco pozas de oxidación de la granja Don Pollo -donde también se crían cerdos-, afectando la calidad de vida de más de 1 700 familias.

Un drama en el que municipio no está libre de responsabilidad. Por eso era necesario escuchar a Fernando del Castillo Tang, alcalde provincial de Lamas, quien asegura que el principal causante de la contaminación es la granja, “porque su población de cerdos es igual a la población lamista”.

Una auténtica ciudad de cerdos que “debe irse de la provincia”. Ese es el principal deseo de del Castillo. No es el único. Hay otro. Finalizar este año el sistema de saneamiento.

Don Víctor y la mayoría de la población lamista concuerda con su alcalde. El principal culpable es la empresa que ocupa más de 200 hectáreas para la crianza de cerdos, pollos y la producción de abono. El problema se agrava por su cercanía al casco urbano: menos de 500 metros.

Don Pollo se defiende

Ante la acusación de ser los culpables de la contaminación ambiental, Linder Sánchez, coordinador de Asuntos Corporativos de Don Pollo Tropical, explica que la empresa cumple con las exigencias de la Dirección General de Salud Ambiental (Digesa), la Autoridad Nacional del Agua (ANA) y la Empresa Municipal de Servicio de Agua Potable y Alcantarillado de San Martín (Emapa), entre otras entidades.

“Existen intereres políticos. El actual alcalde prometió sacarnos, pero no puede porque cumplimos con la ley. Somos una empresa con tecnología brasileña que reduce los niveles de contaminación”, se defiende Sánchez.

La discusión continúa mientras en las quebradas ya no hay peces, uno de los alimentos principales de la población. De otro lado, ellos se ven obligados a perforar pozos para extraer agua limpia que les permita cocinar, beber y lavar.

“Cuando era pequeño podía bañarme con mis amigos en la quebrada. Los fines de semana las familias salían a pescar, los niños pasaban la primavera y (la fiesta de) San Juan aquí. Desde que la empresa empezó a crecer ya no hay nada. Todo está muerto”, revela Iván Tuesta, alcalde del distrito de Rumisapa, a quien don Víctor cedió la condición de líder en las luchas contra la granja.

La salud pública está en juego y son los niños y ancianos los principales afectados. Es por ello que los padres de familia de las comunidades nativas enseñan a sus hijos a que el agua que recorre sus tierras está sucia. No sirve para bañarse, lavar y mucho menos cocinar.

“La mitad de los 1 007 ríos que existen en el país están contaminados”

Remil Lozano, vocero de la Red de Salud Lamas, nos comenta que se han diagnosticado casos de diarrea y deshidratación en niños y niñas de la zona. El funcionario agrega que, en los últimos 15 años, el agua negruzca y espumante, con un fuerte olor a desagüe, generó el incremento de moscos y zancudos.

Doña Evita no tiene ningún problema en bañarse en las aguas del Shupishiña. Su cuerpo extraña el agua y no tiene más remedio que sumergirse de vez en cuando. “Si eres alérgico no puedes bañarte aquí, porque te salen ronchas y ‘comezona’ duro. Pero yo estoy acostumbrada”.

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Fachada de la empresa Don Pollo Tropical/ foto: Nicol León

En los últimos estudios de calidad del agua de la quebrada Shupishiña, realizados por la Red de Salud de Lamas, se han encontrado bacterias fecales que son el caldo de cultivo para enfermedades infecciosas y mortales como la diarrea, muy común en los pobladores de la zona.

Un reciente informe de la ANA, revela que 800 municipios del Perú arrojan sus aguas residuales al mar, los ríos, los lagos y las quebradas. En muchos casos estas no reciben ningún tratamiento.

De otro lado, la mitad de los 1 007 ríos que existen en el país están contaminados, por lo que el consumo de sus aguas podría ocasionar graves enfermedades, como la diarrea, cólera, disentería, hepatitis entre otras.

Raúl Loayza, médico infectólogo de la Universidad Peruano Cayetano Heredia, afirma que un estudio de la ANA sobre la calidad del agua en los ríos Mayo, Huallaga, Shilcayo y Cumbaza en la región San Martín, se comprobó que estos cauces tienen altos niveles de componentes contaminantes, como coliformes fecales, sólidos suspendidos, plomo, nitrógeno amoniacal entre otros. Sus niveles rebasan las medidas permitidas para su conservación como recurso natural, agua reusable y uso doméstico. En conclusión estas aguas no sirven.

La situación se agrava porque muchas poblaciones carecen de plantas de tratamiento de aguas residuales y, en el caso de las ciudades, estas son insuficientes, por lo que se siguen contaminando las aguas, cometiéndose un grave atentado ecológico y medioambiental.

Lamas también es parte de este problema de contaminación. Después de recorrer sus comunidades, el periodista cargará su mochila con el pesar de la gente, ¿Qué hará entonces?, se cruzará de brazos o empezará a luchar con sus propias armas, como el ‘vejez’ que no piensa en descansar hasta que la muerte toque sus puertas.

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