Lamas

Reportaje
Leonardo TapullimaLeonardo Tapullima, profesor bilingüe, dicta sus clases en kechwa y busca conservar en los niños las tradiciones culturales kechwas. Foto: Cynthia Rojas Tapia
16
Dic

Desafío de agricultores: equilibrar sus cultivos tradicionales y para la comercialización

Por Cynthia Rojas Tapia 

Para saciar el hambre en el recreo, Edgar Salas, de ocho años, lleva en su mochila refresco de cacao y maíz molido, además de un plátano, productos que su familia siembra en su chacra. Estos le brindarán la fuerza necesaria para estudiar y hacer actividad física toda la mañana y evitará que compre galletas o bebidas gaseosas en la tienda de la escuela.

En la comunidad nativa a la que pertenece Edgar, como en las demás comunidades kechwas lamistas de la región de San Martín, en la selva norte del Perú, la principal actividad productiva es la agricultura familiar, la cual asegura que las familias puedan acceder a productos saludables y variados, sembrados en sus propias chacras. Es decir, permite su seguridad alimentaria —disponibilidad y acceso a alimentos suficientes y de calidad—.

En una hectárea de cultivo siembran juntos maíz, maní, frejol, plátano, tomate y yuca juntos en una hectárea de cultivo, lo que denominan cultivo diversificado. Junto a esta práctica, las familias están expandiendo el monocultivo de productos destinados únicamente a la venta, como el cacao, el café y el palmito, que, en algunos casos, ha eliminado progresivamente las parcelas de cultivo diversificado.

El cultivo diversificado responde a un ciclo ecológico, donde las hierbas silvestres, los alimentos cultivados, los insectos y los árboles grandes se relacionan cíclicamente para conservar la vida de plantas y animales. Es decir, se respeta la diversidad de la naturaleza y es una práctica ancestral que se realiza desde que los kechwas llegaron a San Martín desde los andes del Perú, hace más de tres siglos.

La cosmovisión kechwa entiende las actividades agrícolas y las del bosque —como la caza y la recolección de hierbas medicinales— como dos mundos distintos, a los que las personas acceden de diferente forma, pero que guardan una relación armónica.

La vida moderna trajo nuevas necesidades a las comunidades nativas, que encontraron en el cacao y el café una oportunidad para cubrirlas. La movilización en carro o moto de una comunidad a otra o hacia las ciudades y la educación de los hijos son los principales gastos que cubren las ganancias del monocultivo de los pequeños agricultores.

El alto precio que el mercado nacional y el internacional pagan por estos productos, de US$1.5 a US$3 el kilo, se contrapone económicamente con las prácticas kechwas de trueque o la pequeña venta de productos de panllevar en los mercados de los pueblos aledaños.

A raíz de que el cultivo del café sufrió la embestida de la plaga de la roya amarilla en el 2013, el cacao se ha convertido ahora en el principal producto comercial, que se va extendiendo en las comunidades nativas de San Martín. Las familias siembran de 2 a 5 hectáreas de cacaotales para que el ingreso sea rentable. 

El caso de la comunidad Misquiyakillo

Para los agricultores kechwa lamistas, encontrar el equilibrio entre cultivos para el panllevar y para la comercialización no siempre es fácil.

A la llegada de la comunidad de Misquiyakillo, “agüita dulce” en castellano, los cacaotales crecidos dan la bienvenida 3 Km antes de llegar al centro poblado. El fuerte olor del cacao secándose al sol invade las casas en una de las comunidades nativas con cacaotales extendidos. El 50% de las 78 familias, que cuentan como máximo con chacras de 5 hectáreas, han dejado de sembrar cultivos de panllevar para dedicarse por completo al cacao.

Oro Verde —la cooperativa agrícola más importante en Lamas—, les compra el cacao a US$2.50 el kilo y una hectárea puede producir 150 kilos al mes.

El apu o líder de la comunidad, William Salas, recuerda que en las reuniones comunales los abuelos se oponían a la extensión de los cacaotales advirtiendo que éstos progresivamente suprimirían los cultivos de panllevar. Actualmente, los ancianos han llegado a entender los beneficios económicos que trae el cultivo de cacao, pero sugieren que no disminuyan totalmente las parcelas de cultivos de panllevar para que los platos de las mesas familiares sean saludables y “uma uma”, expresión kechwa que utilizan los comuneros para referirse a un plato bien servido.

“Como se dice, la comida debe ir de la chacra a la mesa y de la mesa a la barriga. Los ancianos no están de acuerdo con que los alimentos los compremos en el mercado habiendo chacras donde sembrar”, señala Salas.

Los niños además de una alimentación sana, necesitan educarse. El primer motivo para comercializar con el cacao en las comunidades nativas kechwas lamistas es la educación de los sucesores. En las comunidades solo hay colegios primarios o simplemente no hay colegios, por lo que envían a sus hijos a los colegios secundarios de las ciudades aledañas.

Los principales gastos que tienen que cubrir son el alquiler de cabinas de internet, útiles escolares y la mensualidad de habitaciones alquiladas en las ciudades, para evitar que sus hijos se trasladen largas distancias todos los días.

“Antes nuestros padres no tenían la posibilidad de hacernos educar. Y a las niñas no les hacían estudiar. Ahora, en nuestra comunidad, más del 80% de los niños están estudiando, entre varoncitos y mujercitas”, explica Salas.

Los efectos de la deforestación

San Martín es la región más deforestada de todo el Perú, según el último Informe de Cambio de Cobertura de Bosque 2014 del Ministerio del Ambiente, con 15,241 hectáreas de bosque removidas entre el 2010 y 2014.

De acuerdo con el mismo informe, en el Perú una de las principales causas de deforestación es el cambio del uso de la tierra por actividades agrícolas de pequeños agricultores.

Naturalmente, los efectos del cambio climático también se sienten en las comunidades nativas. “Nuestro frijol y el maicito se han secado porque el sol no se va”, manifiesta Kelly Tapullima, comunera de Misquiyakillo. Sus cinco hijos, como toda la nueva generación en Lamas, son la esperanza de los abuelos para conservar la naturaleza que, según la cosmovisión kechwa, siente igual que un ser humano.

Gregorio Sangama, miembro de Waman Wasi, organización que incentiva la seguridad alimentaria y la conservación de los saberes ancestrales en las comunidades kechwas, dice que cuando se siembra monocultivos de cacao y café “ya no hay una rotación de crianza del monte, y se rompe la ciclicidad en la tierra”.

Ante los efectos del cambio climático que sienten los comuneros, como la disminución del caudal de los puquios que dan nombre a la comunidad, el apu Salas manifiesta que ya no piensan deforestar más bosques para cultivar cacao. “La gente ya no quiere seguir deforestando más arriba, porque no solo afectamos la comunidad, sino también otras comunidades, y los animalitos ya no tiene guayos [frutos] que comer”.

Para contrarrestar el desbosque, en Misquiyakillo vienen reforestando, incentivados por Oro Verde, con tres tipos de árboles madereros que sirven de sombra a los cacaotales: el Pinochuncho, la Capirona y el Paliperro. Sin embargo, hay quienes manifiestan que aquellos árboles no son los más adecuados.

Gregorio Sangama comenta que hay experiencias de reforestación fallidas con árboles que no se establecen bien por no ser de la zona. “Los agricultores van a ser los perjudicados, con trabajo e inversión perdidos, si es que esos árboles no se asientan bien”, señala. De todos modos, en Misquiyakillo hay gran expectativa por los beneficios ambientales que a largo plazo traerá la plantación de estos árboles.

El pequeño Edgar, hijo del apu Salas, sabe reconocer a simple vista los diferentes tipos de árboles que están implementando como rompeviento para los cacaotales. “Este es Pino chuncho y  este es Paliperro”, explica divertido. Sus padres lo llevan a la chacra los fines de semana para que ayude en la siembra o cosecha, por eso conoce todo el proceso de elaboración del preparado casero de cacao que lleva en su mochila. Lo que no sabe Edgar es que si las parcelas de cultivos de productos de panllevar desaparecieran por completo, el cacao sería el único producto de la chacra que consumirían las familias, todo lo demás sería comprado en el mercado.

Escuelita tradicional

En la comunidad Alto Pucallpiyo, donde no siembran cacao por el tipo de suelo, tampoco hay colegio secundario, pero en el colegio primario que tienen, Leonardo Tapullima, profesor bilingüe, dicta sus clases en kechwa y promueve actividades artesanales correspondientes a la tradición y a la comunidad, con la consigna de conservar en los niños las tradiciones culturales kechwas.

Al inicio del día, los y las alumnas de la escuelita 0447 repasan lo que el calendario agrofestivo, que cuelga inmenso en una de las paredes del salón, indica para la estación agrícola. El aprendizaje se pone en práctica en sus actividades familiares de la chacra y el monte.

“Nosotros tratamos de dar a los niños una educación alternativa, porque muchas veces la educación oficial está fuera de este contexto, sus enseñanzas están orientadas a dar enfermedad a la tierra, separando al niño de su naturaleza”, sostiene Tapullima. “Por ejemplo el agua en los textos educativos del ministerio son un recurso y no algo vivo, como lo vemos en la tradición kechwa”. —CRT//

Este reportaje se ha realizado con el apoyo de Comunicaciones Aliadas e Infostelle Peru e.V.

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