Nauta

Reportajes
CanoasLas canoas y peque peques son el principal medio de transporte para las familias y los pescadores. Foto: Diego Alva Patiño
16
Dic

Hidrovía Amazónica aumentaría riesgo de viraje de canoas de pescadores

Por  Diego Alva Patiño

Eran cerca de las 10 de la mañana y el hermano de Milton Tapullima intentaba cruzar el río Marañón aferrado solo al motor de su canoa. Apenas unos minutos antes, una embarcación de transporte de pasajeros provocó la volcadura de su nave, haciéndole perder gran parte de sus pertenencias y todo lo que logró pescar durante el día.

Para los pobladores de comunidades ribereñas del Marañón, uno de los más grandes afluentes del Río Amazonas en el noreste del Perú, la canoa es tanto una forma de transporte como su principal herramienta de trabajo. Pero cada vez que salen al río, corren el riesgo de accidentes por la oleadas generadas por embarcaciones más grandes.

Tapullima y otros se quejan de que son maltratados cuando intentan denunciar los accidentes o buscar restitución por sus pertenencias perdidas. Temen además que el problema se agravará con el proyecto de la Hidrovía Amazónica, que implica el dragado y la señalización de cuatro ríos amazónicos para que puedan pasar más embarcaciones grandes de carga y pasajeros, día y noche, durante los 365 días del año.

En realidad, será difícil medir el impacto, porque salvo por incidentes que involucran embarcaciones grandes de pasajeros o carga, las cifras de accidentes de tránsito fluvial son incompletas o contradictorias.

Tapullima cuenta que el día del accidente, cuando su hermano consiguió acercarse a la orilla del puerto de Nauta, distrito de la región amazónica de Loreto, intentó denunciar el suceso en el Puesto de Capitanía de Nauta, institución encargada de salvaguardar y velar por la seguridad en navegabilidad de quienes trabajan en los ríos, pero no le hicieron caso aduciendo que su canoa no estaba registrada.

La impotencia que sintió el pescador en ese momento, también la vivieron varios pescadores que trabajan en la cuenca del río Marañón que sufrieron la volcadura de sus canoas a causa de las fuertes olas que se producen por las altas velocidades con las que navegan las embarcaciones de turismo y transportes de pasajeros y carga.

“Estas naves no tienen respeto. Por las noches y en la tarde pasan rápidamente. Muchas veces hacen que las canoas se vuelquen y nadie se hace cargo. Como son empresas que tienen dinero nosotros no podemos hacer nada”, comenta Tapullima.

Las embarcaciones de turismo y de transportes de carga y pasajeros, que pueden movilizar hasta 300 personas o 20 toneladas por viaje, al poseer motores más potentes y producir corrientes de mayor intensidad, representan un peligro para las personas que viajan en canoa, pues el riesgo a que la nave se vuelque por las olas que producen, es constante.

Siendo las canoas el principal medio de transporte para las familias y los pescadores, el que se lleve a cabo un proyecto fluvial como la Hidrovía Amazónica, que aumentaría la cantidad de embarcaciones pesadas que circulan por el río Marañón, causa temor y recelo en algunos habitantes de la zona.

Desde la Capitanía

La institución encargada de fiscalizar a estas embarcaciones, al decir de los mismos pescadores, brilla por su ausencia y los responsables de estos accidentes gozan de impunidad.

“Cuando vamos a denunciar a la Capitanía, a veces ni caso nos hacen. Nos piden estar registrados para que recién nos puedan atender”, cuenta Julio Armelles, motorista con 15 años de experiencia que trabaja brindando servicio de transporte.

El Puesto de Control Móvil de Capitanía de Nauta, que depende de la Capitanía de Puerto de Iquitos (DICAPI), está a cargo del Capitán de Fragata Óscar Garrido Lecca Hoyal, y entre sus funciones está el salvamento y la seguridad de la vida humana en el mar, ríos y lagos navegables y el control y orden  de las embarcaciones pesqueras.

Garrido Lecca señaló que su institución cuenta con 9,000  embarcaciones registradas, pero que este número aún representa una cifra inferior, puesto que, por lo grande de su jurisdicción, aún existen zonas a las que no se han podido acceder. A esto se le suma que, para él, muchos pescadores optan por la informalidad y prefieren no registrar sus canoas a pesar de que, por normatividad, toda embarcación que cuente con motor debe formalizarse, sea el caso de los peque-peques —canoas motorizadas que son el medio tradicional de transporte en los ríos amazónicos—  o naves de mayor tamaño.

“En lo que va de este año, por suerte, no tuvimos ningún accidente grave en Nauta, solo varaduras, que son bancos de arena que debido a la vaciante del río se forman en las corrientes y producen que las naves se atoren. Ante estos sucesos acudimos lo más pronto posible para solucionarlos. Pero hasta la fecha afortunadamente no ha ocurrido ningún incidente de gran envergadura que se deba a embarcaciones que hayan estado en mal estado o de personal no calificado”, comentó Garrido Lecca.   

Esta declaración se contrapone a la proporcionada por el técnico Luis Castillo Benito, también de la DICAPI, que informó que desde enero a setiembre de 2015 hubo 10 accidentes fluviales solo en Nauta, la mayoría a causa de las velocidades con las que transcurren las embarcaciones de turismo y de transporte de pasajeros y carga.

Sobre esto refirió, que está establecido que las embarcaciones grandes deben de bajar su velocidad a 5 nudos por hora, lo que equivale a 9 kilómetros por hora, cuando pasan cerca de una embarcación menor del tipo peque-peque.

Respecto a los reclamos de los pescadores sobre la falta de apoyo que reciben de la DICAPI, Garrido Lecca refiere que muchas de las personas que se quejan son las mismas que cada año denuncian volcaduras.

“Vienen acá y reclaman, ‘Señor, me han hundido mi embarcación’, pero traen como pruebas documentos que ya han presentado dos, tres o cinco veces. Todos los años vienen a reclamar embarcaciones hundidas porque quieren plata. Tampoco es para que se aprovechen”.

El registrar las canoas puede ayudar a fiscalizar correctamente el tránsito de las embarcaciones que navegan por el puerto de Nauta. Sin embargo, los requisitos que pide la Capitanía para la formalización parecen excesivos para los pescadores artesanales, pues deben instalar en sus embarcaciones un equipo localizador GPS SPOT, que necesita la DICAPI para el rastreo satelital de las naves. Este equipo puede costar aproximadamente US$170, un monto que está fuera del alcance de un pescador.

La incertidumbre por la Hidrovía

Álvaro García, tiene 65 años y pesca desde los siete. Lleva toda la vida bordeando las dificultades de lo que implica trabajar en el río: el frío, que en muchas ocasiones puede derivar en problemas de artritis, el miedo a que en cualquier momento se le vuelque su canoa y la incertidumbre de si es que ese día logrará pescar lo suficiente, ya sea para la venta  o consumo propio.

“Yo me hice pescador para no morirme de hambre. A veces solo puedo sacar para comer, pero ni eso respetan los que manejan esas lanchas. No quieren bajar su velocidad. Yo siempre les grito, ‘oye baja tu velocidad’, pero me dicen que no pasa nada, que ellos ya tienen experiencia”.

Esta situación, comenta García, se agrava más en invierno, cuando el río crece y se desborda, llegando a las puertas de las casas de madera elevadas sobre pilotes, que son típicas de las comunidades ribereñas. En esa época, las olas que producen las naves llegan a chocar contra las casas. “Imagínese si se da la Hidrovía, va a ser peor, van a haber más embarcaciones”, finaliza.

Esta preocupación la comparten también varios pescadores y autoridades de las comunidades nativas del distrito de Nauta. La Hidrovía Amazónica —vía fluvial que se enlazará con carreteras en el Perú con el fin de poder llegar de costa a costa del continente para generar mayores interacciones de comercio entre el Perú y Brasil— implicaría el tránsito de más embarcaciones pesadas que las que ya navegan por el río Marañon. 

“Si ahora tenemos tantas volcaduras qué será cuando llegue la Hidrovía”, señala el apu Silverio Dahua Saurin, representante de la comunidad nativa Río Samiria. “Si ahora no nos hacen caso, cuando haya naves más grandes va a ser peor. El doble de accidentes habrá y nadie se hará cargo”//.

Este reportaje se ha realizado con el apoyo de Comunicaciones Aliadas e Infostelle Peru e.V.

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