Nauta

Reportaje
Los ríos Amazonas, Huallaga, Marañón y Ucayali serán modificados para ser navegables los 365 días del año. Foto: Gloria Alvitres Aliaga.
22
Dic

¿Puede un río convertirse en una carretera?

Por Gloria Alvitres Aliaga

Los kukama —nativos de la Amazonia peruana— conocen el río desde que aprenden a decir sus primeras palabras. Conocen las cochas o cuerpos de agua donde pescan desde hace cientos de años, cuando  sus ancestros ocuparon las riberas del Amazonas.  Segundo Tapullima, teniente alcalde de la pequeña comunidad indígena de Miguel Grau, en el departamento amazónico de Loreto, narra que alguna vez se encontró con la madre de una cocha, una boa negra de siete metros. No le dio miedo que pasara a su costado; la respeta.

El río tiene un significado importante en la vida de la gente, como los kukama, que vive en la ribera. No solo les provee alimento, agua y recreación a sus familias, es un ser que posee espíritu.  En el río viven los bufeos, las sirenas, las mama rayas que acompañan a los hombres y se transforman en personas. En el río están los seres queridos que se han ido.  El río no es un simple medio de transporte; es un ser vivo.  Por eso, a los kukama y los pueblos que viven a las orillas de los cuatro ríos que serán parte de un nuevo proyecto de infraestructura —Marañón, Amazonas, Ucayali y Huallaga— les preocupa lo que pueda suceder.

Sentado frente a la piel del otorongo que desolló hace unos días, Tapullima cuenta que técnicos del Ministerio de Transportes y Comunicaciones (MTC) le explicaron que el  proyecto, denominado la Hidrovía Amazónica, sería algo así como una carretera líquida navegable las 24 horas al día, los 365 días del año.

“Van a remover arena de los ríos. No estoy de acuerdo, puede que se vayan los peces”, dice. Ha conversado con los técnicos en los talleres informativos que se realizaron en Iquitos, capital del departamento de Loreto. Escuchó los spots en la radio, todo sonaba tan positivo. Pero el río es impredecible, reitera Tapullima.

El proyecto es parte de la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Sudamericana (IIRSA), un plan para interconectar carreteras, sistemas de energía y vías fluviales en el continente para fomentar el tránsito y estrechar lazos comerciales. Los proyectos de IIRSA en el Perú incluyen la Carretera Interoceánica en el sur del país, que conecta la costa del Océano Pacífico con el Atlántico en Brasil, y la Hidrovía Amazónica, que aseguraría la navegación por la cuenca del Amazonas, desde Brasil hasta puertos peruanos, que se conectan con la costa, tanto en época de lluvias como en temporada seca, cuando a veces no es navegable.  La inversión calculada es de US$69 millones y la propuesta comenzó a gestarse en el 2005.

En el 2011, el gobierno de Alan García aceleró el proceso de licitación, declarando de “necesidad nacional” el proyecto.

Nunca antes se ha ejecutado un proyecto parecido en el Perú. Algunos expertos dicen que el MTC no cuenta con la información necesaria como para predecir los impactos de un proyecto de esta magnitud.  No hay estudios del flujo de aguas y sedimentos que puedan servir de base de comparación para evaluar los futuros impactos en los ríos, según Jorge Abad, investigador de la Universidad de Pittsburgh en EEUU. Ante este vacío de estudios técnicos, dice, se trata de un gran experimento en la Amazonía. 

Consulta a  pueblos indígenas

Una demanda interpuesta por la Asociación Cocama para el Desarrollo y Conservación San Pablo de Tipishca (ACODECOSPAT) en el 2013 exigía la aplicación del derecho a la consulta previa a  los 14 pueblos amazónicos que podrían verse afectados por el proyecto.  Casi un año después la Corte Superior de Loreto emitió un fallo judicial que reconocía este derecho. El gobierno canceló la licitación del proyecto y realizó la consulta antes de continuar.   

En un proceso que duró 132 días, se consultó los términos de referencia para la elaboración del estudio de impacto ambiental del proyecto. Durante ese tiempo, el gobierno organizó talleres informativos y organizaciones indígenas realizaron reuniones para evaluar la información. El proceso concluyó con la publicación de una resolución directoral del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Se conformó un Comité Consultivo encargado de velar porque los acuerdos se cumplan.

Ahora la licitación se retomará y está prevista para el 2017, cuando se comience a realizar el Estudio de Impacto Ambiental (EIA).

Ángela Acevedo, directora de Consulta Previa del Ministerio de Cultura, considera que la consulta fue exitosa. El mayor logro, dice, fue el acuerdo de incorporar antropólogos y tres sabios indígenas en una comisión que participará en la elaboración del EIA.

Según Acevedo, no se puede hablar de impactos negativos, porque no existen estudios. Se irán elaborando en el camino, afirma. El MTC no respondió a nuestra solicitud de información.

¿Qué no debería faltar en el EIA?

En Miguel Grau, la comunidad de Tapullima, las casitas de madera se extienden en hilera al lado de la única calle que lleva el nombre del río que les provee agua, comida y entretenimiento.  Desde el Mirador de la comunidad se puede ver la naciente del Amazonas.

En invierno, las chacras de los pobladores se inundan. Se movilizan por las calles en canoas, la creciente les trae peces de todos los tamaños y colores. Si  el río crece más, los kukama tienen problemas porque el agua inunda sus viviendas. Es una ciudad que depende del Amazonas.

Para asegurar el paso de embarcaciones grandes en temporadas de poca lluvia, el proyecto de la hidrovía contempla el dragado de partes de los ríos para extraer arena y palos. Según Abad, sería la primera vez que se realice un dragado de esa escala en una región de alta biodiversidad.

El dragado de sedimentos puede modificar el lecho del río, pero tarde o temprano esos espacios se rellenarán y habrá que dragarlos de nuevo, señala Abad. “Es como casarte con el dragado”, dice. Los impactos pueden ser agravados por otros procesos, como la deforestación en las riberas, que aumenta la erosión del suelo y la acumulación de sedimentos en el río. También puede aumentar el riesgo de desbarranco en lugares donde habitan o cultivan las comunidades.

Al biólogo Hernán Ruiz, del Ministerio del Ambiente, le preocupa el posible impacto en especies endémicas de la Amazonia, porque cambios en el nivel del agua pueden afectar los lugares donde las tortugas y los peces se reproducen.

Para Marc Dourojeanni, forestal especialista en temas amazónicos, habría que adaptar el proyecto al río y no al revés. “Hay que estar preparados para accidentes”, escribe en un artículo publicado por la Sociedad Peruana de Derecho Ambiental.  Con el paso de embarcaciones grandes pueden suceder eventos inesperados, como derrames de contaminantes que pueden dañar los ecosistemas, señala.

Para los tres expertos, se necesita una investigación seria de los ríos para entender el comportamiento de las aguas, los sedimentos y su impacto en la fauna y la flora en las épocas de crecida y estiaje. Es poco probable que el consultor que se encarga del estudio de impacto ambiental pueda hacer un trabajo exhaustivo desde las diferentes ópticas necesarias, según Abad. Por eso, tal investigación tendría que ser previa al EIA que se iniciaría en el 2017.  Aún quedan dos años. Los técnicos tendrían que empezar a mirar al río como lo hacen los kukama, como un ser vivo, un ser integral.

Tapullima, que es kukama, sabe que los ciclos del río deben respetarse. se quita las botas, alza la voz y dice con energía: “Lo importante es respetar al rio, a las madres, a las anacondas. Ellas nos dan vida”. //

Este reportaje se ha realizado con el apoyo de Comunicaciones Aliadas e Infostelle Peru e.V.

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